PHILIPPE MEIRIEU. TRAYECTO Y FORMACIÓN DEL PEDAGOGO*

La formación intelectual de un pedagogo está vinculada por dos tipos de práctica: la social-escolar y la reflexiva ubicadas, respectivamente, en el decir y el hacer. El desplazamiento continuo, en doble dirección, de tales prácticas tiene como terreno simbólico al ver desembocando en lo que reconocemos como el momento discursivo donde se expresan tanto el sentido como la percepción sobre los conceptos fundamentales de la educación. Desde esta perspectiva y apoyándonos en las anteriores categorías, buscamos comprender el trayecto y la formación intelectual del pedagogo francés Philippe Meirieu. La extensión y complejidad de su obra escrita nos ofrece el material suficiente para encarar tal desafío desde una perspectiva hermenéutica.

Revuelta contra el catolicismo: “preocupación de sí y preocupación por el otro”


La práctica católica de sus padres y la distancia aprendida en los años de liceo se convertirían en un elemento importante para su obra pedagógica. Si bien es cierto que ella aparece latente en su ser, sólo dos décadas después de mayo del 68 podrá ponderar sus alcances, permitiéndole efectuar una renovación del discurso pedagógico. De otro modo, a lo largo de su práctica escolar y de su función como docente, estará expuesto a un conjunto de eventos que le permitirían ir forjándose una cierta identidad –intelectual, académica y ser del docente- . En este aspecto, es necesario subrayar cómo la experiencia viene a constituirse en el momento a-temporal de la formación. Parece ser que lo que sustenta tal concepto es
menos la inculcación de unos conocimientos y más la forma como el ser de los sujetos logra exponerse ante las múltiples expresiones de la práctica. Decimos a-temporalidad de la experiencia pues, ciertamente, ella es más una prolongación de eventos que se suceden a lo largo de la existencia del sujeto y menos la forma tácita que pueda recubrir.
El reconocimiento y la exclusión de los sujetos que, a juicio del joven Meirieu, lleva a cabo la práctica católica ponen en evidencia un sentimiento contrario del ser. Se trata aquí de la asimetría entre el decir y el hacer, entre el “amar” al otro y “amarse a sí mismo”. Esta doble relación facilitará la tarea a la hora de definir la educación; para él, la educación es una relación asimétrica, necesaria y provisional.



El profesor de francés: Hacia la búsqueda de un terreno firme

A pesar de que había sido un buen alumno, desconocía las dificultades que admite todo aprendizaje. “No sabía nada de la verdadera dificultad que presupone todo aprendizaje, del sentimiento total de rareza que podían provocar los saberes en la mayoría de mis estudiantes”. La experiencia de una cierta “libertad” que inspiraron sus momentos de lectura en el liceo, vendría rápidamente a desboronarse. En efecto, siendo profesor, descubre rápidamente que para muchos de sus alumnos, “esta libertad era una libertad vacía: ellos no disponían ni de los instrumentos lingüísticos, ni de los estímulos intelectuales familiares, ni de los polos de identificación positiva que hubieran podido permitirles comprender lo que buscaba compartirles”
La lectura de Carl Rogers y su Libertad de aprender constituye un primer momento de lectura en la que busca resolver el problema de los conocimientos y los aprendizajes sobre un horizonte de libertad. Esta lectura le enseñará la distancia entre la pretensión de una libertad y una libertad ofrecida desde el exterior.



La contradicción fundamental: hacia el estudio de los aprendizajes


Este nuevo desafío del profesor Meirieu encontrará su punto de partida en la inquietud que provoca en su espíritu la siguiente contradicción: “en nombre de la efectividad del proyecto y las actividades escolares que se organizan se termina favoreciendo a los “mejores alumnos” y aquellos a quienes va dirigida la actividad terminan siendo excluidos de los aprendizajes”
“Los métodos activos representan, de alguna manera, un esfuerzo de finalización –adquisición- de los saberes, que ubicados en situaciones “naturales” le permiten a los alumnos comprender la necesidad funcional brindándoles las posibilidades para que ellos le encuentren algún sentido.



El investigador: camino hacia el ser intelectual y pedagogo

En general, estas hipótesis lo llevarán a leer con mucha atención un libro que le aclararía el concepto de inteligencia social. El conjunto de obras consultadas para el desarrollo de su tesis tendrá como epicentro la naturaleza de los conceptos de grupo, saber, inteligencia, poder, deseo y aprendizaje. Estos mismos conceptos se reafirmarán a lo largo y extenso de su obra, y constituyen el fundamento de la pedagogía y de la didáctica. Esta última podría
comprenderse, en su pensamiento, como la capacidad de construir dispositivos a partir de la identificación de los contenidos de saber. Para él, el rol de la didáctica consiste en explorar la cuestión de los aprendizajes.

Para Meirieu, hay grupos de producción, de monitoreo y funcionales. Cada uno cumple una misión en las formaciones escolares y se expresan de forma diversa en el aula de clase, pero ninguno de ellos toma en serio la diferenciación de los itinerarios de aprendizaje.



El intelectual reflexivo

Los diez años siguientes a la defensa pública de su tesis doctoral y su incorporación en el campo universitario lo llevarán a realizar un giro necesario. Se trata de la ponderación ética
que comenzará a realizar frente a la insuficiencia de la “técnica pedagógica”.
Se trata de la construcción de un nuevo discurso sobre la pedagogía cuyas características pueden resumirse así: un discurso que vuelva inteligente al “práctico”, que le ofrezca una capacidad de distancia sobre sus prácticas y que le brinde los medios para construir unos instrumentos eficaces para un mejor desenvolvimiento de su actividad.
De otro modo, la reflexión ética será la ocasión del retorno de sí, el que comprendemos en la trayectoria de formación de este pedagogo como una vuelta a la pregunta de su juventud: ¿puede uno preocuparse por el otro y a la vez mantener una preocupación de sí mismo? La vuelta sobre la pregunta de la juventud será la ocasión de escribir un libro que expresa, públicamente, la opción de educar.
Este saber se expone en la dimensión escrita, en la necesidad de dar cuenta de su proceso y de comunicar sus convicciones pedagógicas.
En verdad, lo que se observa en el intelectual reflexivo, es una necesidad de efectuar la síntesis del proceso de descubrimiento que nos permita explicar cómo llegamos a ser profesores.

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